Hace algunos años adopté un nuevo “mantra”, o “credo”, después de unos meses particularmente estresantes de mi vida. Decía así: “Hay un límite para lo que puedes hacer”.
No es que antes yo fuera perfeccionista ni nada por el estilo, pero estaba trabajando bastante duro en un proyecto y me frustraba que no estuviera siendo tan bien recibido por todos como había esperado, y me volví sensible a algunas críticas sobre lo que estaba haciendo.
Entonces un día me di cuenta de que nunca iba a lograr que todos estuvieran contentos, por más que me esforzara, incluso si hacía hasta lo imposible. Me resigné a hacer mi mejor esfuerzo, a estar satisfecho con el esfuerzo y el resultado, y a pensar: “Al diablo si algunas personas no están contentas”.
De hecho, empecé a repetir la frase con frecuencia en casa, tanto que mi esposa la imprimió y la enmarcó para que la colgara en mi oficina, donde la sigo viendo todos los días.
Sin embargo, si ha estado prestando mucha atención, habrá notado una ligera diferencia entre ese mantra y el título de esta entrada del blog. Todavía me gusta el mantra tal como es, pero recientemente también llegué a una conclusión importante, que me hizo cambiar el “tú” implícito por la palabra “yo”.
Ahora quiero ser claro sobre la razón del cambio de palabras, y también decir que una frase no es necesariamente “mejor” que la otra, sino que son ligeramente distintas.
Mi esposa podría decirme con cinismo que mi preferencia por el pronombre de primera persona se debe a que siempre actúo como si “todo se tratara de mí”, pero no estoy de acuerdo.
Más bien, lo veo desde la perspectiva de la “responsabilidad personal”. Cuando vemos el pronombre “tú”, parece un pronombre de segunda persona, pero en este caso en realidad no lo es, ¿verdad?
Si yo le dijera “hay un límite para lo que puedes hacer” a una persona en particular, en respuesta a una situación en particular, entonces sí, claramente es un pronombre de segunda persona.
Pero si lo digo en el contexto habitual en el que lo convertí en mi mantra, en realidad está diciendo que hay un límite para lo que “cualquier persona” puede hacer, lo que en realidad lo convierte en un pronombre de tercera persona, y ¿qué significa eso realmente?
Para mí, es como darse por vencido y no asumir la responsabilidad de MI parte. Durante mi formación en coaching, los instructores del curso a menudo usaban una técnica para dejar clara esta idea cuando un participante usaba el pronombre “tú” como forma de evadir la responsabilidad.
Por ejemplo, alguien decía: “Sabes, es muy difícil, porque tú te sientes ridículo, tú sientes que tú podrías ser malinterpretado, etc.”. El instructor fingía confusión y decía: “Perdón, ¿quién? ¿Quién es ‘tú’? ¿Quieres decir ‘yo’?”.
Si la persona está hablando de sí misma, entonces la palabra correcta es “yo”, primera persona. Pero ¿cuál es la razón para no decir “yo”? En estos casos, creo que la persona está tratando de despersonalizarlo, de hacer que parezca que esa es la reacción que tendría “cualquier persona normal”, o ambas cosas.
Para mí, decir que hay un límite para lo que “yo puedo hacer” empieza a sentirse más natural. Puede ser difícil lograr que alguien asuma más responsabilidad personal por sus acciones, pero como con cualquier hábito, se requiere práctica, más práctica y todavía más práctica.
Una vez que lo domine, seguramente hay otras cosas en las que también puede trabajar. Aquí va una sugerencia: deshágase de la palabra “pero” y sustitúyala por la palabra “y”.
Puede que le sorprenda cuánta negatividad puede eliminar con ese simple cambio. ¡Y hay un límite para lo que yo puedo hacer para que lo intente!