Family business and legacy adviser

Quizá la eficiencia está sobrevalorada en las empresas familiares

No es frecuente que me arriesgue desde el principio de estas entradas, pero supongo que pronunciarse en contra de la importancia de la eficiencia sin duda podría considerarse ir contra la corriente cuando se habla de negocios.

Por supuesto, normalmente no trato temas propiamente de negocios, ya que mi ámbito preferido es el de la empresa familiar, donde pongo el énfasis en los aspectos familiares.

Hacer las cosas de forma rápida y eficiente parece, por supuesto, una meta loable, con algunas excepciones notables.

Las principales excepciones que me gustaría señalar aquí son aquellas en las que hay que aprovechar toda la sabiduría de un grupo de personas, y en las que es importante que todos se sientan escuchados.

Este tipo de situaciones abundan en la parte del círculo familiar de las empresas familiares, o, mejor dicho, de las familias emprendedoras.


Cuando terminar más rápido no es la clave

Ya he tratado algunos ejemplos de esto, en particular en ¿Quiere llegar LEJOS? Vaya ACOMPAÑADO, que trata de un escenario con un grupo de hermanos de la nueva generación de su familia, que se preparan para asumir con el tiempo funciones de liderazgo, tanto en la empresa como en la familia.

En los últimos meses he participado en dos procesos grupales en los que realmente adopté la idea de tirar la eficiencia y la rapidez por la ventana, con resultados positivos (hasta ahora).

El primer ejemplo tuvo lugar en una organización profesional en la que participo como voluntario desde hace algunos años, como parte de un comité encargado de una función importante en la organización de nuestro congreso anual.

El segundo ejemplo está en curso, y en él desempeño una función de facilitación y mediación con un grupo de hermanos que comparten la propiedad de algunos bienes patrimoniales.

Una oportunidad de desarrollo profesional en un “caso real”

En el primer caso, mi función había cambiado hacía poco de ser simplemente miembro del comité a dirigirlo. Tuve la ventaja de seguir los pasos de alguien que había hecho un gran trabajo antes que yo, pero eso también significaba que tenía la vara muy alta.

Siempre hay retos al organizar un evento anual en verano teniendo que tomar la mayoría de las decisiones de planificación con meses de anticipación, y estos solo se ven magnificados por la incertidumbre de la pandemia en cuanto a lo que siquiera será posible para grupos grandes dentro de seis meses.

Así que sin duda teníamos varias consideraciones, muchas piezas en movimiento y una falta general de claridad sobre gran parte de la información en la que necesitábamos basar nuestras decisiones.

Además, incorporamos a tres nuevos voluntarios al comité, y la persona encargada de la administración de la organización también era nueva y nunca había participado en nuestro evento anual.

Aprender a estar con el grupo

Había mucha presión para que llegáramos a algunas decisiones finales, pero resistí la tentación de presionar para cerrar algunos puntos que sabía que podían y debían esperar.

Era mucho más importante asegurarnos de tomarnos el tiempo para considerar todas nuestras opciones, evaluar varias ideas y aprovechar la sabiduría de todos los miembros del comité.

Como responsable del grupo, una parte importante de mi función era marcar el tono y el ritmo adecuados para nuestras deliberaciones.

Sopesar muchas consideraciones interdependientes y permitir que todos compartieran sus aportes era más importante que los plazos un tanto arbitrarios que podrían habernos distraído.

Lograr que una familia se tome su tiempo

La práctica que obtuve al trabajar con ese grupo me preparó muy bien para una nueva situación con un cliente, en la que he aplicado algunas de esas lecciones con buenos resultados.

Este grupo de hermanos se está acostumbrando a algunas realidades nuevas y está aprendiendo a trabajar con un marco de toma de decisiones más democrático que el que acostumbraban.

Ese tipo de ajuste lleva tiempo, no solo en términos de minutos y horas que pasan juntos, sino en los días y semanas que se necesitan para que las nuevas realidades y los nuevos entendimientos se asienten en la forma de pensar de cada persona.

Cuando se combina eso con una marcada “asimetría de información” entre los de adentro, que siempre han desempeñado funciones clave, y quienes han pasado la vida mirando desde afuera, es fundamental marcar un ritmo que permita a todos no solo ser parte del proceso, sino sentir que son parte del proceso, en condiciones relativamente iguales.

Esa metodología no es la más eficiente, pero ¿no fue acaso la tortuga la que ganó la carrera?

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