Desde finales de enero de este año me lancé al ámbito de las empresas familiares, siguiendo un curso que se llama el “Family Enterprise Advisor Program”.
Si usted lee el Globe and Mail, quizás vio el anuncio de página completa que se publicó el 18 de octubre, con los nombres y las fotos de los egresados de los programas de Toronto y Vancouver.
Pero lo curioso de todo esto es que el programa todavía no había terminado, ya que yo estaba de regreso en Toronto para nuestra presentación final el 1 de noviembre.
Algunos miembros de mi equipo de proyecto recibieron comentarios de sus allegados, que los felicitaban por haber terminado, pero mientras tanto seguíamos trabajando.
Pero ¿cuándo termina? Bueno, el programa acaba de terminar y por fin nos graduamos. Pero tampoco va a terminar todavía. Sí, habremos terminado el programa como tal. Pero para obtener la designación “FEA”, todavía nos quedan algunas etapas.
Nos queda un examen escrito en noviembre y luego un examen oral en febrero (¡Sí! Otro viaje a Toronto… ¡y además en invierno!).
No lo menciono para quejarme, sino para ilustrar algo. Las cosas que vale la pena hacer valen el tiempo que lleva hacerlas. No sé si traduje mal una expresión inglesa, pero creo que me entienden.
Me recuerda los comentarios de algunos de mis allegados sobre mi regreso a los estudios por enésima vez. “¿Cuándo vas a terminar por fin de estudiar?”
Para mí, quizás nunca termine, y me gusta que sea así. Es cierto que en mi juventud estudiaba para demostrarles algo a mis padres y a mí mismo. Pero al acercarme a los cincuenta
ese ya no es mi caso.
Me encantó el programa y lo recomiendo ampliamente a cualquier persona que trabaje en el ámbito de las empresas familiares. La mayoría de quienes tomaron el curso conmigo son contadores, vendedores de seguros y planificadores financieros.
En mi caso, soy un poco un intruso en el grupo, ya que vengo del mundo de una empresa que fundó mi padre y que vendimos cuando yo tenía veintitantos años. Desde entonces me ocupo de todo lo que quedó, incluidos los bienes raíces, la propiedad intelectual y las inversiones.
En realidad, durante las clases me identificaba mucho más con los profesores que impartían el curso que con quienes aprendían conmigo.
Quienes trabajan en una compañía familiar probablemente también se identifiquen con el título de este blog. ¡Eso tampoco termina nunca!
Desarrollar la empresa y las capacidades de los miembros de la familia para hacerse cargo de ella son el tipo de cosas que nunca se terminan.
En cuanto uno se siente tranquilo por haber resuelto un asunto, dos o tres más ya están a punto de reclamar nuestra atención.
Soy de los que ven la vida como una aventura, o un viaje sin fin. Tampoco tengo prisa por que termine.
Este blog, en cambio, va a terminar pronto. Pero no se preocupen, habrá otro la próxima semana. Pero este termina aquí, ahora.