La mayoría de las personas conoce el concepto de la lista de “pendientes”, pero hay tantas maneras distintas de usarla, y la importancia relativa que tiene en la vida de cada quien me puso a pensar. Y, claro, cuando algo me pone a pensar, invariablemente pronto le sigue una entrada de blog.
En el camino, voy a tocar la pregunta del “qué hará”, el “qué debe hacer”, así como el “qué podría hacer”. Como de costumbre, no habrá mucho de “decirle qué hacer” de mi parte, porque mientras más envejezco, más me convenzo de que decirle a la gente qué hacer es una de las peores maneras de lograr que haga lo que usted quiere que haga.
La pregunta del “qué hará” no encaja necesariamente con este tema, pero no pude evitar incluir una breve reflexión sobre ella. Viene del mundo de los recursos humanos y las prácticas de contratación, y la he visto un par de veces recientemente.
Cuando usted busca incorporar a alguien a su organización, sin duda revisará sus calificaciones para ver qué “puede hacer”, porque prefiere no contratar a alguien que no pueda hacer el trabajo. Pero cada vez más, a la gente de RR. HH. también se le pide indagar qué “hará” realmente cada candidato.
No estoy seguro de si es una cosa de los “millennials”, pero que haya personas que decidan que ciertas tareas están por debajo de ellas se está convirtiendo en un problema que cada vez más empresas enfrentan.
Pasando a preguntas más convencionales sobre las listas de “pendientes”, me ha resultado muy útil separar las cosas en una lista de “lo que debo hacer”, con un plazo, y luego todo lo demás.
Algunas personas clasifican sus tareas en A, B y C, empiezan con las A hasta terminarlas y luego pasan a las B. Algunas planifican la semana, otras van día a día. Lo que le funcione a usted es mejor que nada, pero crear un sistema que se vuelva rutina ha sido clave para mí.
Yo planifico los domingos mientras reviso la semana laboral que viene, acomodando las tareas importantes entre los eventos que ya tengo agendados.
Si usted también intenta incorporar metas de ejercicio físico (4 veces por semana me ha funcionado bien), esto también puede ser útil, en la línea de “hacer una cita consigo mismo”.
Las tareas menos urgentes que no necesitan hacerse esta semana igual deben guardarse en algún lugar, porque hay que mantener a la vista las ideas, los proyectos y las metas de largo plazo. Yo uso una pizarra blanca en mi oficina, donde mantengo a la vista en todo momento los asuntos mensuales y trimestrales.
Después de mirar un asunto importante por un tiempo, a menudo empiezo a sentir cierta culpa por no haberlo comenzado todavía, y eso normalmente me lleva a dividirlo en partes más pequeñas, la primera de las cuales pasa entonces a mi lista de “lo que debo hacer” de la semana siguiente.
Pero mi aspecto favorito de esta pregunta de la “lista de lo que _____ hacer” es la que yo llamo la lista de “lo que podría hacer”.
Para mí, la vida se trata de posibilidades, y me resulta liberador tener una serie de grandes ideas planteadas como cosas que podría hacer, tanto en lo personal como para y con mi familia. Incluso me gusta pensar así respecto de las familias clientes con las que trabajo.
Siempre que estoy en una posición de liderazgo con un grupo así, mi modus operandi preferido es compartir con los miembros del grupo una variedad de posibilidades y luego conducir una conversación en la que el grupo elige lo que considera mejor en cuanto a los próximos pasos.
Por supuesto, hay algunas opciones que lógicamente podría preferir sobre otras, pero cuando la armonía es importante, ya sea en mi propia familia o en una familia cliente, este método funciona mucho mejor que la vieja manera autoritaria.
Esto no es exactamente liderar desde atrás, un concepto que a algunos les encanta y otros detestan, sino algo más parecido a liderar desde adentro.
Bueno, usted no tiene que hacer esto, ¡pero podría!
