La semana pasada encontré un tuit sobre cómo estar sentado puede matarlo, con todo tipo de estadísticas que me hicieron pensar en mis propios hábitos y en lo sedentarios que son.
Luego vino un reportaje que destacaba los beneficios de los escritorios con caminadora que algunas empresas han instalado para sus trabajadores, con los que caminan lentamente pero durante largos periodos, con excelentes resultados.
Para ver si algo así era realmente factible para mí, busqué la manera de probarlo con la caminadora que ya tengo en mi oficina. Así que me fui a IKEA.
Compré una mesita que se fija a la pared y la llevé a mi oficina. Mi hija de 13 años ha armado muchos de sus propios muebles de IKEA, y se ofreció a venir a mi oficina y hacer la mayor parte del trabajo. A continuación, nuestros relatos por separado de la experiencia.
La versión de él:
¿Qué se puede esperar de una alumna de segundo de secundaria? Bueno, cuando es MI hija, espero bastante. Y rara vez decepciona, y esta vez tampoco me decepcionó.
Armó las piezas perfectamente, sin instrucciones ni supervisión de mi parte. Entonces llegó el momento de que yo participara, porque había que fijarla a la pared. También llegó el momento en que las cosas empezaron a ir cuesta abajo.
“Ah, ¿entonces no trae los tornillos?”, pregunté. “No, supongo que tenemos que ir a la ferretería”. Allá fuimos. Pero antes revisé que sí tuviera los taquetes de plástico para meter en el tablaroca y asegurarme de que los tornillos sujetaran bien. Listo.
Llegamos y encuentro unos tornillos buenos y resistentes, sin hacer caso de los paquetes de tornillos que vienen con taquetes, porque yo ya tenía. Vamos a poner estos 6 tornillos y habremos terminado.
Solo que los tornillos grandes no entraban en los taquetes que yo había instalado, así que tuvimos que empezar de nuevo, con cuatro agujeros grandes en la pared. Tuvimos otro momento de frustración por una de mis metidas de pata, cuyos detalles ya no recuerdo, que dejó todavía más agujeros.
Para no hacer el cuento largo, por fin logramos fijar la mesa a la pared, después de más sudor (¡sin lágrimas ni sangre!) y algunas groserías dichas entre dientes.
Ella se lleva un 9/10; no sé si yo merezco un 5/10.
La versión de ella:
Mi papá compró un escritorio de IKEA y, como yo soy la experta en IKEA de la familia, me ofrecí a ir a su oficina para ayudarle a armarlo y colgarlo.
Cuando llegamos a su oficina, decidí empezar a armar el escritorio. Ya había tenido que lidiar con muebles de IKEA, así que lo terminé con facilidad, pero todavía había que montarlo. Luego había que girar la caminadora 90° para que el escritorio pudiera quedar bien por encima de ella.
Nos dimos cuenta de que los tornillos necesarios para colgar el escritorio no venían en la caja, ¡así que nos fuimos a la ferretería!
Compramos unos grandes y resistentes que pudieran soportar el peso del mueble. Regresamos y pusimos taquetes, pero no entraron bien; aun así intentamos colgar el escritorio y fracasamos rotundamente. Así que los sacamos, lo movimos una pulgada a la derecha y volvimos a intentarlo. Uno de los taquetes se rompió y otro atravesó la pared por completo.
En ese momento pensé que estábamos prácticamente perdidos. Pero luego lo intentamos una última vez, un poco más arriba y con calma. ¡Funcionó!
El escritorio ahora está colgado más o menos bien sobre la caminadora (nos daría un 8/10). En general pasé un día excelente con mi papá, y tengo muchas ganas de saber qué opina mi padre de su flamante escritorio con caminadora.
