En cierto modo, las nuevas realidades que todos enfrentamos durante esta pandemia empiezan a sentirse como un viaje en auto muy largo.
“¿Ya llegamos?”, preguntan los niños por enésima vez.
No, lamentablemente, todavía no parece que hayamos “llegado”.
Y tal vez falten algunas horas más, si no tenemos problemas con el auto.
Encontrar gratitud
Por difícil que sea, podría ser peor. De hecho, para muchas personas, es peor.
Últimamente, cada vez que alguien me pregunta cómo estoy, respondo que si tomara a 100 personas al azar a mi alrededor y las clasificara según cuánto tienen que preocuparse ahora en comparación con antes, yo quedaría cerca del final de la lista.
Trato de recordármelo con regularidad. Es bueno tener cosas por las cuales estar agradecidos.
La gratitud, estar agradecidos por lo que sí tenemos, es un hábito importante que a muchos más nos convendría adoptar.
Compararse con otras personas y con otras épocas
Así que podemos compararnos con otras personas que están peor y admitir que tenemos menos de qué preocuparnos que la mayoría de ellas; sospecho que la mayoría de los lectores de este blog están en situaciones similares.
Las familias empresarias, y quienes las asesoran, a menudo forman parte de la clase media alta, si no es que del proverbial “1 %”.
¿Y si comparamos esta pandemia con lo que habría sido vivir algo similar en una década anterior?
Imagine un viaje real en auto de su infancia, en el que usted iba en el asiento trasero, aburrido al punto de jugar a “adivinar las placas” o alguna otra distracción sin gracia.
En aquel entonces, realmente nos dejaban “a nuestra suerte”, mientras que los niños de hoy suelen tener cada uno ¡su “propio dispositivo”!
Seguir logrando cosas
Muchos de nosotros seguimos “logrando cosas”, aunque tengamos que modificar la forma de hacerlo.
Muchos nos reunimos por Zoom o por otras plataformas en línea, y cada vez lo hacemos mejor.
Más vale que nos acostumbremos, porque no parece que vaya a ocurrir nada mágico que haga que las cosas vuelvan a ser como eran hace unos meses.
Entonces, si las cosas seguirán siendo inciertas por un tiempo, ¿qué podemos hacer?
Planificar para lo peor
Creo que esperar que las cosas se resuelvan rápido y seguir haciendo muy poco más es probablemente el peor camino a seguir.
El viejo adagio “Planifique para lo peor; espere lo mejor” sigue vigente.
Hace poco escuché en la radio a un dueño de empresa, que resulta ser un excliente, que dirige una operación manufacturera con un negocio en línea B2C grande y en crecimiento.
Dijo que están trabajando bajo el supuesto de que las cosas seguirán como están ahora durante los próximos 18 a 24 meses, y que están actuando en consecuencia.
Supe que era un hombre sabio cuando me contrató hace algunos años, pero lo demostró una vez más.
¿No tiene sentido planificar para un período largo de esto y luego, con suerte, poder deshacerlo antes, en lugar de simplemente ir parchando las cosas sobre la marcha y esperar que todo vuelva el próximo mes?
¿Temas familiares por atender?
Mientras tanto, estos últimos meses probablemente han hecho surgir algunos temas en el círculo familiar, además del círculo de la empresa.
En cierto modo, la pregunta “¿Ya llegamos?”, cuando se hace sobre la gobernanza de una familia, también podría tener una respuesta clara: “No, todavía no”.
Algunos de estos aspectos familiares, ahora que han salido a la superficie, quizá valga la pena revisarlos antes de que empeoren.
El desarrollo individual para “cuando lleguemos”
Y mientras todavía falte algo de tiempo para “llegar”, ¿no es esta una oportunidad ideal para que algunas de las personas que forman parte de la familia empresaria trabajen en sí mismas y desarrollen las capacidades que necesiten fortalecer, para estar aún más preparadas el día en que se espere que asuman más responsabilidades?
Esta situación nueva y poco convencional que estamos viviendo está llena de preguntas, pero no todas las respuestas son negativas.
Aquí hay aspectos positivos y oportunidades, al alcance de quienes tienen los ojos abiertos y la actitud correcta.
Puede que todavía no hayamos llegado, pero vamos a llegar.

