Grandes expectativas en las familias emprendedoras
Escribir este blog cada semana significa que estoy constantemente atento a puntos de vista interesantes para desarrollar en este espacio.
Por lo general, reúno ideas y las dejo a un lado por un tiempo, y mientras germinan en mi cabeza (y en una carpeta de correo electrónico), a veces surge un nuevo enfoque que me permite casi matar dos pájaros de un tiro.
Así sucede esta semana, con una mirada a lo importantes que las expectativas pueden llegar a ser en una familia que está en condiciones de transferir un patrimonio significativo a la siguiente generación.
El PPI ataca de nuevo
Hace mucho que perdí la cuenta de cuántas de mis entradas se han inspirado en mi participación en eventos y seminarios web organizados por el Purposeful Planning Institute (PPI).
Así que, una vez más, a principios de julio, las invitadas, líderes de opinión (las coaches Mimi Ramsey y Stephanie Hardwick), no decepcionaron cuando hablaron de las “expectativas”.
La frase clave, que dudo en calificar como cita porque no estoy seguro de haberla captado textualmente, fue que “las expectativas no cumplidas son la mayor fuente de conflicto”.
Vaya, qué cierto. ¿Se le ocurre a usted algo que cause más? A mí no.
Las empresas familiares están llenas de ejemplos
Cualquiera que trabaje con familias empresarias conoce el estribillo común de que necesitan trabajar en mejorar su comunicación, y eso sin duda es cierto en casi todos los casos.
Lo que no suelen señalar es que muy a menudo algunas de las brechas más evidentes en su comunicación giran precisamente en torno a las expectativas que tienen unos de otros.
Una idea relacionada que encaja perfectamente en este tema es esa palabra cargada de significado, “suposiciones”; es decir, cada uno hace sus propias suposiciones sobre cómo son las cosas y qué se espera, sin verificar nunca si otras personas ven las cosas de la misma manera.
Las expectativas suelen estar en algún lugar alto de la lista.
Cuando un nuevo enfoque es en realidad un enfoque antiguo
Mencioné al principio que me encanta cuando un tema surge desde dos ángulos diferentes, lo que me permite unirlos en una sola entrada.
La parte que acabo de relatar, sobre las expectativas no cumplidas y el conflicto, era bastante reciente, pero el otro ángulo ha estado cocinándose a fuego lento en el fondo de mi mente desde hace bastante tiempo.
Esta parte es un poco más elaborada, y también proviene de alguien a quien conocí gracias al PPI, nada menos que David York.
Si su nombre le suena familiar, puede ser porque ya lo he mencionado antes, incluso en dos entradas completas, cada una dedicada por entero a una de sus perlas de sabiduría. Vea Hacerlo mejor que las 4 D y La dinamita del patrimonio familiar: ¿un cartucho o dos? Claramente soy un gran admirador.
Tres preguntas clave para desarrollar la administración responsable
Como quería asegurarme de citar aquí las tres preguntas de York con total exactitud, ya que son tan simples y tan fundamentales, revisé mi colección de diversas presentaciones y, para mi alegría, di en el blanco al encontrar esa diapositiva en particular, que decía:
Seis claves para formar administradores responsables:
5. Eliminar la ambigüedad
– ¿Qué puedo esperar?
– ¿Qué no debería esperar?
– ¿Qué se espera de mí?
Los miembros de la nueva generación quieren claridad
Creo que cualquiera que se ponga en los zapatos de una persona que crece en una familia emprendedora, o en una familia adinerada, puede estar de acuerdo en que tener respuestas claras a estas preguntas contribuiría mucho a darle claridad sobre algunos temas bastante fundamentales que afectarán su vida de muchísimas maneras.
Cuando los padres no comunican las respuestas a estas preguntas, dejan a sus hijos en una posición en la que cada uno empieza a hacer sus propias suposiciones sobre cuáles son las expectativas.
Como se imaginará, las distintas suposiciones a menudo serán bastante diferentes de lo que esperan los padres, lo que conduce a expectativas no cumplidas, que invariablemente conducen a: conflicto.
Convertir las expectativas en acuerdos
Volviendo a las coaches de la llamada del PPI con la que empecé, señalaron que a lo que las familias deberían aspirar es a convertir las expectativas en acuerdos.
Para lograrlo, como dice York, es necesario tener conversaciones para aclarar cuáles son esas expectativas y, como él señala, cuáles no son.
Y no olvidemos el último punto de York, sobre lo que los padres esperan de sus hijos.
Ninguna de estas cosas se sabe automáticamente; hay que conversarlas, y estas conversaciones no siempre son fáciles de tener, ni obvias de iniciar.
No se pueden ignorar para siempre, y un coach puede ayudarle.

