No se trata solo de familia y empresa
Hay algunos temas que trato con bastante frecuencia en estos artículos, porque gran parte de mi trabajo gira en torno a áreas en las que las familias enfrentan desafíos previsibles que trato de ayudarlas a resolver.
Los lectores habituales saben que suelo volver a temas básicos como la comunicación, la gobernanza, las reuniones familiares, la armonía y el trabajo en conjunto.
Pues bien, últimamente he estado viendo y oyendo mucho más sobre el tema de la propiedad, así que hacia allá nos dirigiremos ahora.
¿El círculo olvidado?
No puedo creer que hayan pasado más de tres años desde que escribí Ownership: The Forgotten Circle of Family Business (La propiedad: el círculo olvidado de la empresa familiar). Supongo que en ese momento notaba la ausencia de debate sobre este tema, así que parece que eso ya no es así.
Unos meses antes había escrito Pruning the FamBiz Ownership Tree (Podar el árbol de propiedad de la empresa familiar), en el que analizamos los problemas que surgen con el paso de las generaciones, cuando la propiedad de una empresa termina repartiéndose entre ramas familiares con distintos grados de participación en la empresa, y cómo hay que resolver esos problemas de alguna manera.
Pero hoy quiero analizar un aspecto específico de la propiedad: lo importante que es que las familias reconozcan el sentido de propiedad, si esperan que las generaciones siguientes mantengan su legado familiar.
La conexión entre propiedad y legado
Normalmente parto de un mismo supuesto cuando empiezo a trabajar con cualquier familia, y por lo general termino confirmándolo pronto. Ese supuesto es que la generación al mando de la familia, a la que a veces llamo la “NowGen”, tiene al menos cierto interés en crear un legado duradero.
Esas palabras significan cosas distintas para distintas personas, así que veámoslo más a fondo. Para mí, un legado duradero es aquel en el que, incluso después de que la NowGen haya dejado este mundo, hay cierta continuidad de lo que esa generación construyó, hizo crecer o administró, a cargo de la “NextGen”.
Veamos lo contrario, que a veces ocurre, y que también está bien si es lo que tiene más sentido para esa familia.
Si el patrimonio familiar se va a repartir entre los descendientes y luego cada uno va a seguir su propio camino, quedará poco o ningún legado.
En la mayoría de las familias de lo que algunos llaman el 99 %, esta es la práctica habitual.
Ese sentido de propiedad
Cuando una familia alcanza cierto nivel de riqueza, a menudo surge la idea de mantener algún tipo de legado.
Esas familias suelen entonces consultar a varios profesionales expertos en proteger ese patrimonio para que pueda preservarse para las futuras generaciones de la familia.
Uno de los detalles que se resuelven en ese momento es la propiedad de los activos que conforman el patrimonio financiero, y es aquí donde a veces se pierden en el camino algunas consideraciones importantes.
Los “especialistas en la familia” como yo, que trabajamos con los miembros de la familia en la forma en que gobernarán el patrimonio familiar, a menudo llegamos a situaciones en las que la mayoría o la totalidad de los detalles de la propiedad ya están escritos en piedra.
Y en situaciones como esa, solemos notar que hubo algunas oportunidades para hacer que los futuros propietarios se sintieran realmente propietarios.
Solo confíen en mí, hijos
Desde luego, cuando los descendientes todavía son niños, es normal que sus padres tomen decisiones importantes por ellos. El problema surge cuando esos niños se convierten en adultos y aun así sus padres siguen tratándolos como niños.
Siempre animo a los padres a trabajar para tener relaciones de adulto a adulto con sus descendientes, porque un esquema de “uno arriba, uno abajo” puede ser paralizante para el desarrollo de la nueva generación.
Cuando crecía en mi familia, me ponían documentos legales enfrente y me decían simplemente: “Confía en mí, firma esto”, y muchos otros también pasaron por lo mismo.
Sentir que realmente es suyo
Volviendo a esos expertos que prepararon los documentos legales sobre el patrimonio, ellos entienden las diferencias entre la propiedad legal y la propiedad beneficiaria de los activos de un fideicomiso, y lo que quiero decir aquí es que, en algún momento, también hay que explicárselo a esos beneficiarios.
Quién compartirá la propiedad de qué, y cuándo se espera que ocurran esos cambios, también son aspectos clave.
Para preservar el legado de una familia, no se puede pasar por alto el sentir que algo es suyo.
Si el debate es si compartir esta información ahora o más adelante, mi consejo es que cuanto antes, mejor.
