Las dos maneras de hacerlo son difíciles
No es frecuente que escriba un blog sobre una idea completamente nueva que se me acaba de ocurrir, pero la revelación que tuve la semana pasada bastó para poner este tema al principio de mi lista.
Supe que tenía que escribir esto después de haber compartido el “momento ajá” en una llamada con alguien, tan poco tiempo después del descubrimiento.
El descubrimiento, como lo he llamado, no fue más que una frase breve que leí en un libro (¿o quizás la escuché en un audiolibro?).
La frase, si la recuerdo textualmente, era:
“A veces,
cambiar a las personas
es más fácil que
cambiar a las personas”.
No se preocupe si no lo capta de inmediato, es de esperarse.
Lo importante es llegar a captarla y entenderla, y le prometo que vamos a analizarla, sobre todo desde la perspectiva de las personas que trabajan con miembros de su familia.
Cambiar a las personas 1: método simple, reemplazar
Pongo esta como la “n.º 1” porque, según mi interpretación de la cita, esta es la primera opción a la que alude el autor.
La idea de deshacerse de ciertas personas y reemplazarlas por personas nuevas es una opción en muchas situaciones.
El razonamiento es que, si usted no puede cambiar su manera de ser, entonces vamos a deshacernos de usted y traer a alguien que encaje mejor.
Bastante simple, a primera vista, ¿verdad?
Pero ¿qué pasa al hacer esto en una empresa familiar? ¿Es realmente tan simple cuando está considerando despedir a un pariente?
Sí, a veces se hace, y a veces la familia incluso logra superarlo sin demasiados resentimientos, pero siempre es más complicado que si la persona a la que se reemplaza no formara parte de la familia.
Cambiar a las personas 2: método complejo – convencer
Veamos ahora la otra manera de cambiar a las personas, que decidí llamar “convencer”.
A esta la califiqué de “compleja” porque puede adoptar todo tipo de enfoques y variará según cómo cada persona que intenta convencer a otra encare el esfuerzo.
También es probable que no sea algo “de una sola vez”, sino mucho más un proceso, que implica varias interacciones durante un período más largo.
La otra razón por la que la llamo compleja es que no hay dos personas que lo hagan de la misma manera, y aunque haya “funcionado” con una persona, eso no significa que podrá hacer que funcione de la misma manera con otra.
¿Cuándo pasar de uno a otro?
Si volvemos a la cita que inspira todo este blog, parece haber una pregunta implícita bajo la superficie, que deduzco de las primeras palabras, “a veces”.
Entonces, ¿cuáles son esos momentos en los que hay que pasar de convencer a alguien a reemplazarlo?
Es de suponer que intentará convencer una primera, una segunda y una tercera vez, y quizás incluso unas cuantas docenas de veces, antes de llegar a la conclusión de que necesita pasar al plan mucho más drástico de deshacerse de alguien y traer a alguien nuevo.
Trabajar con familiares es genial cuando las cosas van bien, y cuando no, bueno, puede ser realmente horrible.
Llegar a la conclusión de que alguien definitivamente tiene que irse es bastante difícil, pero a veces es necesario.
¿A quién puede controlar realmente?
Por supuesto, tratar de convencer a las personas de que cambien tiene sus límites, porque a la mayoría de las personas no les gusta que les digan qué hacer, y mucha gente se resiste al cambio de entrada.
Si usted es un lector habitual, conocerá mi opinión sobre lo inútil que puede ser siquiera intentar cambiar a los demás, porque la única persona a la que realmente podemos controlar es a nosotros mismos.
Sé que no me gusta cuando otras personas intentan decirme que tengo que hacer algo diferente o intentan obligarme a hacer algo que no me gusta hacer.
Estoy bastante seguro de que tampoco soy el único.
A veces tenemos que darle la vuelta, mirarnos al espejo y ver qué cambios podemos hacer en nosotros mismos, y ver si así no terminamos logrando algunos cambios positivos en los demás a nuestro alrededor.
La teoría de sistemas familiares es bastante clara: si usted cambia la manera en que interactúa con el sistema, el sistema cambiará.
