Family business and legacy adviser

Cuando problemas de salud repentinos amenazan las transiciones

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Ocurre más a menudo de lo que debería

Nunca deja de sorprenderme que, después de cientos de publicaciones sobre los retos de la transición patrimonial de una generación de una familia a la siguiente, haya algunos temas que apenas he tocado.

Esta semana veremos uno de ellos, y tengo que admitir, un poco avergonzado, que esto debió haber llegado hace mucho.

Y la razón principal por la que estamos aquí ahora es una confluencia fortuita de acontecimientos que puso dos situaciones familiares en mi radar en días consecutivos.

Vienen algunas ideas útiles, así que quédese mientras analizamos situaciones familiares que se ven trastocadas por problemas de salud repentinos.


Aprovechar muchos ejemplos

Los dos casos familiares en cuestión siguen en curso, y me enteré de ellos de maneras muy distintas.

El primero fue a través de un grupo de estudio local del que formo parte desde hace algunos años, que me obliga a mantener afinado mi francés profesional.

El segundo llegó gracias a mi rol como Team Project Advisor (asesor de proyectos de equipo) para participantes del programa Family Enterprise Advisor (FEA).

Al terminar mi reunión semanal con mi equipo, reflexioné sobre el caso del grupo de estudio del día anterior y me di cuenta de que ya era hora de tratar este tema aquí.

Así que empecé a escribirme el correo de recordatorio y decidí redactar un título provisional en la línea de asunto.

Empecé con “Sudden Health Issues…” (problemas de salud repentinos…), después de lo cual busqué un verbo, y se me ocurrió “Threaten” (amenazan).

Las primeras letras en mayúscula me saltaron de la pantalla, ya no podía “dejar de verlas”, y entonces aprecié el regalo que me ofrecían.

Esta es una “sh*t” (porquería) muy mala que más le vale tratar de evitar.


Un patriarca con cáncer

El primer caso involucra a un patriarca que lleva décadas dirigiendo el conglomerado familiar con mano relativamente firme.

Su diagnóstico fue repentino, y el tiempo que le queda es, naturalmente, bastante incierto.

Nuestro grupo de estudio no captó del todo la verdadera urgencia, y empezamos a sugerir los pasos típicos para incorporar a la nueva generación.

Al hacer el análisis con el asesor que nos presentó el caso, por fin entendimos que la familia está lidiando con un plazo de días y tal vez semanas, mientras que nuestras intervenciones propuestas tenían más que ver con meses y años.

Cuando no se tiene mucho tiempo, hay que concentrarse en lo que hay que resolver “ahora mismo”, o “para ayer”.

Lamentablemente, muchas de las sugerencias que teníamos al principio ni siquiera son viables, porque cuestiones estructurales más importantes no se habían resuelto con suficiente anticipación.


Una esposa sufre un derrame cerebral, y cáncer

La segunda situación, en la que el equipo de asesores estaba usando a la familia como caso de proyecto, tuvo un giro distinto.

Se pensaba que el patriarca octogenario era el miembro más vulnerable de la familia cuando el equipo la conoció, pero ocurrió un desafortunado problema de salud que afectó a su esposa, que es unos quince años menor.

Sufrió un derrame cerebral y, al investigar, se descubrió un tumor cerebral, que posteriormente se extirpó.

Como se imaginará, organizar los asuntos familiares con base en un cierto orden esperado de fallecimiento puede ponerse de cabeza en un instante.

La intervención del equipo del proyecto terminó siendo muy oportuna, ya que los plazos que enfrentaban no les permitían pausar el trabajo, lo que probablemente habrían hecho si hubiera sido una intervención profesional “en el mundo real”.


“Deberíamos haber empezado antes”

La mayoría de las familias caen en la trampa de suponer que tienen mucho tiempo para “poner sus asuntos en orden”, así que es fácil posponer este trabajo.

La “buena noticia”, si es que hay alguna en este tipo de situaciones, es que los miembros de la familia se ven obligados a enfocarse de nuevo, así que esta inercia se rompe rápidamente.

Sin embargo, tomar decisiones con plazos ajustados, bajo estrés y en pleno duelo, no es lo ideal y no se recomienda.

Los pensamientos de “¿por qué no hicimos esto antes?” son demasiado comunes.

¡El mejor momento para planificar es cuando en realidad no se necesita!

Cuanto más espere, menos buenas opciones tendrá.


Actúe antes de que se arme la m*erda

Ojalá su familia y sus clientes no sean el próximo caso en el que “se arme la m*erda” y haya que apresurarse a tomar decisiones y conseguir firmas en documentos en el hospital.

Los asesores tienen cierta obligación de impulsar a sus familias clientes a actuar, pero lamentablemente, hay un límite a lo que podemos hacer.

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