Si usted se siente mucho más cómodo en las situaciones en las que forma parte de la mayoría, es como la mayoría de las personas.
Es una manera complicada de decir que casi todo el mundo prefiere la sensación de pertenencia que surge al actuar de manera “normal”. La mayoría de las veces, esa comodidad está justificada, ya que, en general, la gente tiende a hacer bien lo que tiene que hacer.
Pero eso no quiere decir que siempre sea mejor hacer las cosas “como todo el mundo”. De hecho, creo que para algunas personas lo contrario es cierto.
Mis blogs suelen estar dirigidos a las personas que entienden la diferencia entre las ocasiones en que es mejor hacer como los demás y las situaciones que exigen hacer el “Zig” cuando los demás hacen el “Zag”.
Si se siente aludido, quizás sea porque ya entiende muy bien que en la vida hay muchas decisiones en las que vale la pena tomarse el tiempo de ir en sentido contrario a la multitud.
Y me parece que cuanto más a menudo uno toma el camino inverso, con éxito, más disfruta haciéndolo. Ganar “en grupo” es muy divertido, pero ganar y ser uno de los pocos ganadores entre una multitud de perdedores es todavía más satisfactorio.
A veces, cuando converso con personas que han tenido éxito en la vida, respetando esa tendencia a hacer lo que era necesario hacer, aunque no fuera lo que la mayoría habría hecho, observo que aun así tienen el reflejo de actuar en el sentido de la mayoría en otros ámbitos de su vida.
Me explico. Un emprendedor que ha tenido éxito construyendo una empresa en un sector que conoce seguramente habrá actuado de manera poco convencional. Pero cuando llega el momento de tomar decisiones en su vida personal, a menudo seguirá a sus amigos.
Una persona que construyó una pyme familiar yendo en sentido contrario a la mayoría de la gente que conoce no duda en hacer como ellos en otras circunstancias.
Si usted ha tenido mucho éxito en la vida actuando “no como los demás”, ¿por qué es tan difícil actuar así en otros aspectos de la vida?
Crecí en una empresa familiar donde mi padre dirigía todo, y no le daba vergüenza hacer las cosas a su manera, sin importarle lo que los demás hacían o pensaban. No siempre tenía razón, evidentemente, y no le gustaba admitir cuando se equivocaba, pero eso no le impedía volver a intentarlo a su manera la siguiente vez.
Recientemente acompañé a mi madre a una reunión en la que invertimos dinero en un fondo cuyo gestor había mencionado que la mayoría de los inversionistas del fondo eran instituciones y no particulares.
Comenté que eso no nos molestaba, ya que mi madre había vivido más de 50 años con alguien que nunca se detenía ante el hecho de ser el único de su categoría, y que, dado que él había sido mi “mentor” y quien me había formado, yo también estaba acostumbrado a ser el único.
Al acostumbrarme a ser “no como los demás”, se ha vuelto casi preferible seguir actuando “no como los demás” en muchas circunstancias.
¿Tiene miedo de actuar “no como los demás”? ¿No corre el riesgo de arrepentirse?