¿Un punto ciego es realmente un punto ciego si usted no sabe que lo tiene?
Como suele ser el caso, el tema del blog de esta semana se basa en algo que me pasó en la vida real, y acepté el reto de contar la historia de una manera interesante y útil.
Como esta historia involucra a personas de mi propia familia, usaré nombres falsos para ellas, como suelo hacer cuando hablo de personas reales, y adoptaré mi costumbre habitual de emplear un seudónimo que empiece con la misma letra que su nombre real.
Mi hija quería que la llamara “Sassy” y quería que a su hermano lo llamara “Rusty”, pero a él no le gustó mucho ese nombre, así que de alguna manera acordamos que él fuera “Rambo”. Si tiene hijos, probablemente entienda la importancia de mantenerlos contentos y de no caer de su gracia. Ahora bien, Sassy y Rambo serían mejores nombres para mascotas que para niños, pero qué más da.
Rambo y Sassy irán a una escuela nueva en septiembre y, como parte del papeleo que pidió la escuela, necesitábamos que un médico les hiciera un examen físico, en parte para declararlos aptos para participar en los programas deportivos de la escuela.
Así que les hice una cita y los llevé con mi médico para que los revisara, firmara oficialmente los papeles y, así, tachar otro pendiente de la lista que los acerca un paso más a estar listos para septiembre.
Sassy pasó primero, inicialmente con la enfermera para que anotara su estatura y su peso, además de revisar su vista. Rambo siguió la misma secuencia, salvo que, después de que el médico terminó con él, me llamaron porque había algo importante que quería comentarme.
El médico me entregó un papel en el que había escrito 20/60 y 20/50, que eran los resultados de su examen de la vista. ¿Qué? ¿En serio?
¿Cómo podía ser? Él nunca nos había dicho nada sobre tener problemas para ver. Supongo que su vista siempre ha sido mala, porque nos dijo que no ha notado ningún deterioro.
Así que yo tenía en la mano el papel con los números y Sassy lo vio y preguntó qué era. Le dije que hablaríamos de eso más tarde, y entonces dijo: “¿Rambo está ciego?”. Ella sí tiende a exagerar, aunque le he dicho un millón de veces que deje de hacerlo.
Pero cuando le confirmé que, sí, al parecer Rambo tiene mala vista, proclamó: “¡Lo sabía! ¡Lo sabía!”. Al parecer, Sassy lleva años diciéndoles a sus padres que su hermano no ve bien, y no le hicimos caso.
Así que, volviendo a la pregunta que hice al principio de esta publicación, la respuesta es un SÍ rotundo. Aunque usted no sepa que tiene un punto ciego, sigue siendo un punto ciego. Y si tiene un hermano observador, es posible que lo haya notado.
Todos tenemos puntos ciegos, y no siempre es fácil reconocerlos, entenderlos, aceptar que son reales y manejarlos. Puede ser útil conocerlos, porque ese es realmente el primer paso importante para hacer algo al respecto.
Pero como cualquier otra cosa en una familia, y sobre todo en una empresa familiar, la forma en que usted se entera de sus puntos ciegos y cómo usan esa información los miembros de su familia marca toda la diferencia del mundo.
No se puede sobrestimar la importancia del autoconocimiento, pero tener una familia en la que cada miembro ayuda a los demás a superar sus debilidades es un regalo maravilloso y aún más valioso.
Es muchísimo mejor que una familia en la que sus miembros usan las debilidades de los demás en su contra, pero lamentablemente eso sucede con demasiada frecuencia.