A lo largo de la historia, muchas personas han llevado simultáneamente el sombrero de “líder de empresa familiar” y el de “padre o madre”.
Un cierto porcentaje de ellas ha sobresalido en ambos roles, algunas han sido mucho mejores en uno que en el otro, y otras nunca llegaron a dominar realmente ninguno de los dos.
Por supuesto, hay muchísimos ámbitos en los que lo que uno hace en un rol sin duda tendrá un efecto en el otro, porque es prácticamente imposible separar los roles por completo.
Y tal como señalé antes, así como algunas personas sobresalen en ambos, otras en ninguno y muchas en uno a costa del otro, lo mismo puede decirse de ciertas acciones que uno realiza al desempeñar estos roles.
Hay muchas disyuntivas en las que parece claro que trabajar hasta tarde y perderse el partido de fútbol de su hijo es un punto a favor para la empresa y un punto en contra para la familia, o que ocurre lo contrario si sale temprano para llegar al partido pero no termina ese pedido importante.
Me gusta pensar que lo mejor que puedo hacer como asesor de empresas familiares es señalar las situaciones que en realidad son de perder-perder y ayudar a las familias a evitarlas, y también señalar las posibles situaciones de ganar-ganar y ayudar a las familias a aprovecharlas.
Dicho así suena sencillo, pero sencillo y fácil NO son sinónimos.
Curiosamente, los dos ejemplos de perder-perder que surgen con más frecuencia son las dos caras de la misma moneda, y tienen que ver con cómo tratamos a nuestros hijos y valoramos sus opiniones.
Por un lado, hay muchos ejemplos de padres que consienten a sus hijos con empleos fáciles y muy bien pagados, con bajas expectativas de desempeño. Eso no es un gran liderazgo empresarial, ni tampoco una gran crianza.
La otra cara de la moneda también se da con bastante frecuencia, y se ve así: los hijos trabajan muy duro, están mal pagados, están listos para hacerse cargo de la empresa, pero nunca se les entregan las riendas, porque los padres no están listos para soltar. Una vez más, la empresa sufre, y la familia también.
Todo se reduce a encontrar el equilibrio correcto, igual que Ricitos de Oro. No queremos la avena demasiado caliente porque nos quemará la lengua, y la avena fría es simplemente, bueno, asquerosa.
Entonces, ¿cuál es el secreto para encontrar ese equilibrio? Parte de él consiste simplemente en reconocer que usted desempeña tanto el rol de padre o madre como el de líder de la empresa familiar. Pero eso claramente no basta, porque, como acabamos de ver, en realidad puede equivocarse en ambos al mismo tiempo.
Además de reconocer que desempeña dos roles, es importante reflexionar sobre su perspectiva, y comparar y contrastar esa perspectiva de dos maneras principales.
Primero, observe la manera en que actúa en los dos roles desde la perspectiva del TIEMPO, y recuerde cuando usted tenía la edad que tienen sus hijos ahora, cómo lo trataban y cómo le habría gustado que lo trataran.
Luego mire hacia adelante, al momento en que sus hijos tengan la edad que usted tiene ahora, y piense en su relación con sus padres. Si eso es demasiado extremo, retroceda diez años y luego avance diez años.
Después de hacer el ejercicio de la perspectiva del tiempo, simplemente tómese un momento para reflexionar sobre cómo ve usted las cosas, e imagine cómo las ven los demás miembros de la familia desde su punto de vista, hoy. Le garantizo que si les pregunta si ven las cosas de la misma manera que usted, se llevará al menos una o dos sorpresas.
La palabra clave de esa última oración es “si”, como en “si les pregunta”. Según mi experiencia, pocos líderes de empresas familiares se toman realmente el tiempo de preguntarles a sus hijos cómo ven las cosas.
Sí, ya sé que usted es quien lleva las riendas, y que todo su arduo trabajo es lo que lo trajo hasta aquí. Felicitaciones.
Pero ¿tiene el valor de preguntarles a sus hijos cómo ven las cosas? Puede que se sorprenda con lo que descubra.