¿Quién arruina qué, o qué arruina a quién?
La entrada de esta semana es una que tenía ganas de escribir desde hace algunas semanas, desde que almorcé con una colega y le conté esta historia.
Fue su reacción la que me hizo darme cuenta de lo simple y, a la vez, lo poderosa que realmente es.
Considerando que llevo más de cinco años escribiendo este blog semanal, no puedo creer que todavía no haya escrito sobre esto.
El crédito a quien corresponde
Antes de contar la historia, debo señalar que me encantaría darle el crédito a la persona que la contó cuando la escuché por primera vez, pero realmente no tengo idea de quién fue.
No me sorprendería saber que fue durante una de las teleconferencias semanales del Purposeful Planning Institute, porque esas llamadas han inspirado muchos de estos blogs.
En todo caso, es una de esas historias que probablemente se ha repetido en distintas versiones cientos de veces, en todo el mundo.
Así que mi versión no es un relato fiel, “textual”, sino más bien una parábola.
Trabajé duro por todo esto
Un empresario exitoso se reúne con uno de sus asesores de confianza, mientras empieza a pensar en cómo va a manejar la considerable riqueza que ha acumulado.
Menciona lo duro que ha tenido que trabajar para tener lo que ahora tiene, y luego agrega:
“Y no quiero que mis hijos lo echen todo a perder”.
Esta parte de la historia probablemente les suene bastante familiar a muchos profesionales que trabajan con clientes que han acumulado grandes fortunas.
No es nada extraño que a cualquiera le preocupe que los frutos de su trabajo puedan desperdiciarse.
La otra cara de la moneda
Más adelante en la conversación, probablemente en respuesta a una pregunta del sabio asesor, el hombre tiene una especie de despertar y dice:
“Pero tampoco quiero que toda mi riqueza eche a perder a mis hijos”.
Si ha leído aunque sea algunos de mis blogs, ya sabe que, para mí, este fue el verdadero momento revelador de la historia.
Primero, la mala noticia
La mala noticia es que muchísimos profesionales que trabajan para estos clientes adinerados en realidad solo son especialistas en resolver la primera parte del problema.
Encontrar maneras de crear estructuras a prueba de todo para preservar el patrimonio no es nada nuevo para muchos especialistas que se enorgullecen de poder minimizar los impuestos y restringir cómo usarán el patrimonio sus beneficiarios previstos.
Lamentablemente, demasiados clientes tienen una visión demasiado corta para ver que esto también producirá muchos efectos secundarios no deseados para su familia en el futuro.
Ahora, la buena noticia
La buena noticia es que ahora hay cada vez más personas que entienden que preocuparse solo por preparar los activos para los herederos conduce a resultados poco óptimos.
Y no solo eso, sino que las personas también se están dando cuenta de que no se trata de preocuparse por preservar el patrimonio O por preservar a la familia y sus relaciones: en realidad es posible hacer ambas cosas.
No es una cosa u otra, son ambas
De hecho, al concentrarse en la segunda parte y asegurarse de que sus hijos estén preparados para recibir el patrimonio, aumentará las probabilidades de que la familia pueda mantenerlo e incluso hacerlo crecer en las generaciones futuras.
Me viene a la mente un blog que escribí hace algunos años, Planificación exitosa: ¿quién debería participar?
Contiene esta profunda cita:
“Los planes que tratan sobre nosotros, pero no nos incluyen, no son para nosotros”.
Es una cita textual, de otro contexto, pero encaja perfectamente aquí también.
PARA la familia, POR la familia
Todo comienza cuando alguien reconoce la importancia de esto. Puede ser un miembro de la familia o puede ser un sabio asesor.
La planificación a largo plazo, en su mejor expresión, es verdaderamente a largo plazo, es decir, intergeneracional.
Si ese patrimonio ha de servir a varias generaciones de una familia, cuanto antes participen los miembros de las generaciones siguientes, más probable será que tengan éxito.
¿Eficiente o eficaz?
Usted podría simplemente preocuparse por la preservación del patrimonio y crear estructuras rígidas que sean eficientes desde el punto de vista fiscal y que garanticen que habrá algo de patrimonio disponible para las generaciones futuras.
Eso sin duda sería más eficiente.
Pero si quiere que su plan sea eficaz, haga participar a
la generación más joven lo antes posible.
Usted no se arrepentirá, y ellos tampoco.
