|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El resultado final de una gran transición patrimonial
Esta semana analizamos un tema desde un ángulo un poco distinto, ya que decidí compartir mis reflexiones sobre un libro reciente que quiero que los lectores conozcan.
Como ávido aprendiz, consumo mi buena cuota de lectura cada año, pero las ocasiones en que dedico una publicación entera a un libro en particular han sido bastante escasas.
Pues bien, el Dr. Tom Deans acaba de publicar su tercer libro, The Happy Inheritor, y a juzgar por las ventas de sus obras anteriores, espero que mucha gente lo lea, si es que no lo ha hecho ya.
Soy admirador del trabajo de Deans desde que lo conocí hace más de una década, y hemos compartido ideas y conversaciones a lo largo de los años, ya que ambos trabajamos en el campo de las transiciones patrimoniales familiares y ambos somos orgullosos canadienses.
Sentirse impulsado a escribir y compartir
Deans me dijo hace poco que no había planeado escribir un tercer libro, pero que luego se aferró a un tema que sentía que no podía dejar pasar.
Como autor y conferencista, se encontraba una y otra vez con personas de familias adineradas que no seguían lo que para él eran recomendaciones bastante sencillas al planificar sus transferencias patrimoniales.
Algunas pistas excelentes de lo que se puede esperar del libro aparecen en la misma portada, donde el subtítulo dice: “Cómo las familias exitosas preparan a sus herederos y transfieren su patrimonio”.
El hecho de que ambos estemos de acuerdo en la necesidad de preparar a los herederos no debería sorprender mucho a mis lectores habituales.
Pero hay otra frase en la portada del libro que puede parecer un poco más alejada de lo que escribo, a saber: “Muchas personas transfieren el patrimonio familiar con gran cuidado y alegría, mientras que otras lo usan para controlar y destruir”.
Aunque a veces puedo escribir de manera provocadora, esa es una frase que no se me habría ocurrido por mi cuenta.
Reuniones familiares periódicas
Si tuviera que resumir el mensaje del libro en una sola afirmación, sería algo así:
La mejor manera de asegurar una herencia feliz es procurar que toda la familia se reúna periódicamente para conversar sobre su plan de transferencia patrimonial, “con amabilidad, cuidado y alegría” (cita de la contraportada).
Mis lectores habituales reconocerán esta recomendación, ya que es algo que he repetido aquí de diversas maneras durante la década y pico que llevo compartiendo mis reflexiones sobre este tema en general.
Mientras algunas familias esperan lograr mucho con una sola gran reunión, en la que la generación líder transmite sus “instrucciones” en forma de monólogo, Deans parece estar de acuerdo en que una serie de foros periódicos, en los que las ideas se conversan entre generaciones, es una solución más duradera.
Cuidado con el narcisista encubierto, escondido a plena vista
Sería un descuido compartir mis reflexiones sobre The Happy Inheritor sin mencionar un tema secundario muy importante que Deans aborda a lo largo del libro.
Ya lo insinué antes, y tiene que ver con el hecho de que en algunas familias hay ciertas figuras que en realidad persiguen un objetivo más perverso y disfrutan usando su riqueza para “controlar y destruir”.
Dedica buena parte del libro a describir en detalle a estos “narcisistas encubiertos” que existen en muchas familias, y el hecho de que estas personas a menudo son difíciles de detectar porque siempre parecen amables y agradables.
Estas personas siempre dicen cosas bonitas y parecen muy simpáticas, pero en silencio se dedican a tratar de controlarlo todo y a todos de maneras dañinas.
Por suerte, estas personas no existen en todas las familias, pero son más comunes de lo que uno podría imaginar, y pueden echar por tierra por completo la planificación patrimonial de su familia.
Comprender las expectativas adecuadas
En el fondo, planificar la transición intergeneracional del patrimonio en una familia se reduce a que todos entiendan lo que se espera.
Como escribí en Striving for the All AND Nothing Inheritance, la mayoría de los padres estarían encantados de saber que podrían dejarles todo su considerable patrimonio a sus hijos sin preocuparse por si podrían manejarlo o no, y al mismo tiempo comprender que, incluso si no le dejaran nada a la siguiente generación, eso también saldría bien.
La mejor manera de asegurarse de que se cumplan las expectativas adecuadas es hablar de ellas juntos con regularidad, en reuniones familiares estructuradas, idealmente con la ayuda de un facilitador independiente.


